A principio del siglo XX, los agricultores de EE.UU. buscando combatir a sus enemigos los pulgones, decidieron hospedar en su país a la Harmonia Axyridis, una variante asiática de lo que los simples mortales llamamos mariquitas y los biólogos denominan coccinélidos. Por su voraz apetito y ser un eficiente depredador, supusieron que serían un gran aliado, pues creían ciegamente que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, es una regla universal invariable. Pero las cosas salieron mal porque su efectividad colonizadora terminó convirtiendo al nuevo “asociado” en plaga y en un competidor de las especies nativas.