La política pública instrumentada por las autoridades brasileñas en las favelas de Río de Janeiro, mediante el despliegue de Unidades de Policía Pacificadoras (UPP), terminó en un fracaso anunciado, no solamente por falta de presupuesto y abandono progresivo del programa por parte del gobierno, sino por los excesos que este cuerpo policial cometió en las favelas, lo cual minó la confianza depositada en la policía. Aunque es justo reconocer que entre 2009 y 2014, hubo una disminución importante en el número de homicidios. La lección aprendida es que para lograr una presencia efectiva del Estado en los barrios, hace falta hacerlo desde una perspectiva holística o integral. Si uno analiza, la iglesia, ésta hace presencia en las zonas populares, pero el Estado sólo se hace representar por el maestro, quién lucha íngrimo y sólo para afrontar su rol de educador con el de correaje con el sistema público. Hace falta que una gran cantidad de ministerios e institutos públicos, junto con ONG especializadas, elementos de la sociedad civil e inclusive la empresa privada, se dispongan mediante una estrategia definida a colonizar los barrios.