El día en que el gobierno le archivó los cargos que le costaron a José Armando Torres Rivera casi 30 años de cárcel por un crimen que no cometió, el fiscal Yamil Juarbe se viró hacia el hombre de 48 años y, en el silencio matizado de tenues llantos de alegría que reinaba en la corte, le ordenó: “Don José, ¡sea feliz!