Unas horas antes del inicio del Octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba había quien aseguraba que el cónclave sería cancelado y pospuesta la salida de Raúl Castro de su cargo. La hipótesis no era del todo descabellada pero desconocía dos aspectos muy importantes del hasta ayer secretario del PCC: su mediocre predecibilidad y los casi 90 años que le pesan sobre los hombros.