Despliegue de seguridad sin precedentes en Oporto para la final de la Champions

El despliegue de seguridad en Oporto para albergar la final de la Champions League este sábado 29 de mayo no tiene precedentes en Portugal. El partido entre el Chelsea y el
Manchester
City

se ha convertido en un acontecimiento de tal calibre que la ciudad está completamente revolucionada, tanto como lo estaba en su día Lisboa cuando acogió el Festival de Eurovisión en 2018.

El contexto ahora es muy distinto a causa de la pandemia del Covid-19, pero el ritmo de vacunación avanza y esta circunstancia contribuye a desarrollar una cita de acuerdo con (casi) todos los cánones imaginables. Y, sobre todo, la avalancha de seguidores londinenses y mancunianos desembarca convenientemente inmunizada, pues Reino Unido es el país de Europa que más rápido ha logrado adaptarse a los tiempos del antídoto para plantar cara a la infección.

Se permiten 12.000 espectadores en las gradas del Estadio do Dragao, el emblemático campo donde suele jugar el Oporto y que dio innumerables tardes de gloria a Iker Casillas. Repartió la UEFA 6.000 entradas para los ‘blues’ de Stamford Bridge y otras 6.000 para los azules celestes del Etihad, comandados por Pep Guardiola.

Completarán el aforo autorizado los invitados portugueses e internacionales que no querrán perderse la velada futbolística del año, que d

ejó atrás su inicial emplazamiento en Estambul por los altos índices de covid-19 y recurrió a la solvencia lusa de la organización, como los vecinos ibéricos demostraron el año pasado en Lisboa.

La plaza más céntrica de la capital del vino, Aliados, luce a tono una réplica gigantesca de la copa conocida popularmente como la ‘orejona’, ansiada por segunda vez por el Chelsea y con la que el City está obsesionado porque brilla por su ausencia en sus vitrinas europeas.

Pero las calles de la Ribeira portuense están inundadas también por españoles, que se han animado a viajar dada la cercanía con Galicia, especialmente, además de que la concurrida Universidad de Oporto atrae a decenas de estudiantes de las provincias de Orense y Pontevedra. De hecho, el único tren internacional que opera en territorio portugués es el que va de Vigo a la orilla del Atlántico, con esa espléndida Estación de Sao Bento que deslumbra gracias a su sinfonía de azulejos azules.

Los españoles que disfrutan del ambiente en las proximidades de la Torre dos Clérigos ya saben que no conseguirán acceder al coliseo del equipo emblemático de la segunda urbe de Lusitania, pero no han querido perderse la oportunidad de captar de cerca esta singular atmósfera.

Nunca antes se había visto un dispositivo de estas características en el norte de Portugal con tal de controlar la marabunta de ingleses que colapsa la red hotelera local desde este jueves 27 de mayo. Incluso se ha acercado igualmente una delegación de policías de Londres y de Mánchester, con el objetivo de controlar (e identificar, si fuera necesario) a los ‘hooligans’ que den la nota.

En previsión de que este segmento de fans pueda generar algún altercado, s

e mantendrá a los ingleses en un área perimetrada con el fin de que no se entremezclen con portugueses y españoles.

Es tal vez la medida estelar de este plan de seguridad que promete alcanzar los más altos niveles de rigurosidad, mucho más teniendo en cuenta que la mañana del viernes 28 de mayo es testigo del aterrizaje de 80 vuelos chárter procedentes de Londres y Mánchester. Allí, en el aeropuerto Francisco Sá Carneiro, se alza el primer gran filtro, mientras que el segundo se distribuirá por el centro, con especial atención a Rua Santa Catarina y a los aledaños del puente D. Luis I. Habrá un tercer cordón, que se localizará justo en las proximidades del impresionante Estadio do Dragao.

El Ayuntamiento de Oporto, encabezado por el carismático Rui Moreira, ha reforzado los servicios del metropolitano, que facilita mucho moverse hasta el terreno de juego porque tarda solo unos minutos en recorrer el camino desde las cercanías de la Rua Sá da Bandeira hasta el propio campo, atravesando el barrio de Heroísmo.

Los ingleses hacen cola en la puerta del histórico Café Majestic, que hace honor a su nombre desde que se inauguró en diciembre de 1921 (o sea, solo unos meses lo separan de su centenario) y ha reabierto sus puertas después de varios meses cerrado. Allí, en sus mesas, se sentaba J. K. Rowling a escribir algunos pasajes que posteriormente incluiría en sus libros de Harry Potter, pues se encontraba en Oporto trabajando como profesora de inglés.

Ahí comienza a fraguarse el clima de euforia que viven estos británicos algo acelerados que se ven por los rincones de una ciudad tomada progresivamente por más y más dotaciones de policía, pues ha de garantizarse a la UEFA que todo está bajo control. Mientras tanto, los comerciantes se frotan las manos por fin, porque saben que el maná económico que se les viene encima les puede compensar tras la crisis pandémica.

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Author: Pablo Perez