Después de haber pasado unas semanas complicadas, convulsas por la tormenta en la que se convirtió el selectivo nacional, los integrantes del K4 español volvieron ayer a la acción en la Copa del Mundo, en la que hoy lucharán por el oro con la vista puesta ya en los Juegos de Tokio. Una cita que llevan preparando con mimo desde hace semanas, buscando una concentración máxima que les aleje de todas las turbulencias y que les permita estar enfocados en ese objetivo principal que no es otro que el podio en Tokio 2020.
En un deporte acostumbrado a vivir alejado de los focos, la bronca provocada durante el selectivo fue como una bomba. Por primera vez salieron a la luz unas diferencias personales que permanecían ocultas y que estuvieron a punto de hacer saltar por los aires el trabajo de años. Por fortuna, las aguas volvieron a su cauce y la pesadilla ha ido quedando atrás.
Para conseguirlo, el cuarteto formado por Craviotto, Arévalo, Walz y Germade ha buscado la paz interior haciendo piña con su entrenador, Miguel García, y aislándose del ruido que llegaba desde fuera. A las largas sesiones de trabajo en el embalse de Trasona, cuartel general del equipo situado en Asturias, han unido una concentración en Portugal, de la que salió uno de los cambios más significativos de esta preparación.
Arévalo y Walz han intercambiado sus posiciones en busca de una mejora que, aunque mínima, podría ser decisiva en la lucha por las medallas en Tokio. «Como nos habíamos quedado sin embarcación tras el accidente de tráfico sufrido cuando volvíamos de la concentración de Sevilla, aprovechamos para ir hasta Portugal, donde está la fábrica, y allí pudimos pulir los últimos detalles de la piragua, que ha sido realizada de manera especial para el equipo, con un ancho y un equilibrio de pesos diseñado a propósito para nosotros», explica a ABC una persona cercana al equipo, que prefiere mantener el anonimato. Son días para no asomar la cabeza y mantener el perfil bajo adoptado desde el estallido del selectivo. «Lo único que queremos es competir y hacerlo lo mejor posible. En esta Copa del Mundo queremos comprobar que las sensaciones son buenas y que el trabajo realizado hasta ahora es el correcto», señala esta misma fuente.
En Szeged (Hungría) se medirán a Alemania, principal favorito al oro en Tokio, pero también a otros equipos que aspiran al podio. «Es la primera y última toma de contacto antes de los Juegos, pero también es la primera competición que hacemos desde agosto de 2019. Hay que competir bien, aunque no deja de ser un test al que no llegamos en el pico óptimo de forma. Este es un objetivo, pero el principal llegará en unos meses, en los Juegos», apuntan desde el seno del equipo.
La Copa del Mundo mostrará si la elección que tomó la federación en su día –dejando fuera a Toro y a Garrote– fue la correcta. En la dirección técnica están convencidos de ello y confían en que aquella pesadilla sirva también como motivación para demostrar que no hubo ningún tipo de amaño y que el K4 formado por Craviotto, Walz, Arévalo y Germade es el mejor posible. «Se demostró entonces y lo vamos a demostrar en Tokio», afirman con seguridad a la espera de que llegue ese momento.
Para empezar a comprobarlo, después del estreno ayer en las series de clasificación, en las que fueron los más rápidos, la embarcación disputará hoy las semifinales y la final del K4 500 en la Copa del Mundo de Szeged, donde el equipo nacional ha conseguido otras dos plazas para Tokio, lo que hace pleno de embarcaciones masculinas y que eleva a tres las categorías donde competirán las mujeres.
