El Sevilla volvió a la senda del triunfo: superó al Valencia en un encuentro descafeinado y se acerca a la tercera plaza. Lopetegui, consciente de las remotas oportunidades de ganar el título y con la plaza Champions asegurada, dejó en el banquillo a Ocampos, Rakitic, Fernando y Acuña; piezas clave en la temporada del conjunto hispalense. Por su parte el Valencia, salvo el honor, tampoco perseguía grandes objetivos en Nervión: en la jornada anterior había sellado la permanencia (en Mestalla mediante un plácido 3-0 frente al Valladolid). Con la soga destensada para ambos, lo que en otra fecha hubiera sido un clásico y trepidante encuentro entre dos equipos con aspiraciones europeas, fue un partido preveraniego entre dos plantillas agotadas tras la convulsa temporada pandémica.
La destensión era tan evidente que el partido comenzó con un balón flojo (fue necesario parar el encuentro y cambiarlo). Desde el comienzo el Sevilla acaparó la bola, la circuló sin extrema profundidad y solo sus habituales cambios de orientación, culpables de su éxito ofensivo en la pasada Europa League, lograron amenazar el entramado valencianista. Un balón a la espalda de Lato dejó solo a Suso que en el mano a mano superó con calidad a Cillessen; pero el VAR anuló el gol por claro fuera de juego. El Valencia aguantaba agazapado y salía con cierto peligro al contragolpe. De nuevo, una de las mejores noticias del conjunto che en esta fatídica temporada fue Uros Racic: le volvió a dar criterio a la salida de balón y conectó bien con Soler y Guedes, los dos únicos futbolistas que asomaron la cabeza en el ataque valencianista. En el bando hispalense, Óscar demostró la calidad que habita en su zurda, motivo principal de su fichaje; aunque fue bien defendido por Correia.
El tramo final del primer periodo lo protagonizó el hoy pivote sevillista Nemanja Gudelj. En el minuto 35 dejó un bonito disparo que pasó cerca de la escuadra derecha de Cillessen y, en la jugada siguiente, hachazo a Guedes y tarjeta amarilla. Dos acciones que bien definen al jugador balcánico.
En el segundo tiempo empezó un partido nuevo: el ritmo subió y el Valencia, a oleadas, amenazó seriamente a Bono. Cuando los partidos se rompen Guedes es un hombre feliz. Fue un peligro constante para la zaga sevillista, maniató a Escudero y sirvió varios balones de gol a un desafortunado Vallejo. Lopetegui avistó el problema e introdujo a Acuña en el lateral zurdo. Fernando (elegido mejor jugador de La Liga en abril) sustituyó a Gudelj, el Sevilla necesitaba estabilidad, pausa. Poco a poco, el partido volvió a sus orígenes: a la lentitud, al dominio local. El encuentro había mutado en el típico partido en el que el mediocentro puede controlar de espaldas, alzar la cabeza y darse la vuelta con calma, sin tener una nuca en el cogote, sin recibir un palo.
En este caldo de cultivo llegó el gol Sevillista. Precisamente Fernando filtró un bonito pase entre la línea de tres centrales visitantes y En-Nesyri batió a Cillessen a bocajarro. Fue el decimoctavo gol del ariete marroquí en la Liga Santander; quién lo hubiera augurado tras aquella final de Colonia. En los minutos finales, el Valencia presionó la meta de Bono sin éxito. Justo triunfo sevillista.
Tras esta victoria, en la afición sevillista debe escocer el tropiezo ante el Athletic y el empate in extremis en el Di Stefeno. Las opciones de alzarse con el título, con los grandes abonados a la discontinuidad, eran más reales que nunca; mucho más que en aquella Liga de 2007, cuando sí llegaron al sprint final con vida. Las matemáticas le dan un halo de esperanza, pero Lopetegui sabe que es una utopía.
