En el tramo caliente del final de la Liga surge de la memoria colectiva un tipo gris con una valija a cuestas dispuesto a perpetrar el fraude. Es la vieja escuela de los maletines repletos de billetes para comprar voluntades, incentivar ánimos o premiar lo ajeno. El afán por amañar o alterar la competición no ha desaparecido, al decir de voces conocedoras de la materia, aunque la tecnología y el miedo al castigo lo ha reducido sobremanera. «Siempre habrá quien quiera quebrantar la ley», «Los tramposos no desaparecen», «No seamos ingenuos», dicen en los organismos encargados de salvaguardar la limpieza del fútbol. La Federación y LaLiga tratan de atenuar la corrupción con talleres, charlas, monitorización de partidos y apuestas y… Ver Más