Al fútbol con la ilusión de la primera vez

El sonido de una solitaria vuvuzela rompía el letargo de los aficionados que esperaban dentro del Wanda Metropolitano y advertía de que algo pasaba. Eran los porteros de Portugal, que saltaban al campo a calentar. Primer movimiento sobre el césped. Faltaba casi una hora para el inicio del partido y ya había muchos aficionados pasando calor en la grada. Se habían establecido turnos para acceder al estadio y los más previsores llevaban rato esperando con cierto aburrimiento.

Mientras, fuera, los bares y restaurantes de los bajos del estadio mostraban un aspecto lustroso. No estaban montadas las terrazas, pero muchos aprovechaban el buen tiempo para sacar las bebidas fuera y acampar en la amplía explanada por la que se sube al Metropolitano. Llegaba a sorprender la baja edad media de los aficionados. Banderas de España a granel y mayoría de camisetas del Atlético. También mucho hincha portugués.

La visita de Felipe VI y Pedro Sánchez tenía movilizados también a un buen número de policías. El Rey participó en la previa en un acto simbólico junto al presidente de la República de Portugal por el que se pone en marcha el proyecto para organizar de forma conjunta el Mundial 2030.

De vuelta al estadio, la salida de Cristiano Ronaldo al campo dejaba claro que el astro portugués estaba en territorio enemigo por mucho que a su lado estuviera Joao Félix.

A los aficionados, después de quince meses largos sin fútbol en directo, les costaba ubicarse por los pasillos y vomitorios. En megafonía se recordaban a cada rato las medidas de seguridad (prohibido comer y fumar, distancia de seguridad y movilidad reducida en cada sector). Todos los asientos aparecían marcados para su utilización o no con pegatinas.

La primera gran ovación llegó con la salida de los jugadores españoles al calentamiento. Para ellos, el jugar un partido internacional con España con el público a favor también era una novedad. Por fin se escucharon los primeros gritos de «¡España, España!» y los asistentes forzaron la garganta para que los 15.000 parecieran 60.000. Casi lo logran, pero hasta el hincha más recalcitrante ha olvidado sus rutinas. Será cuestión de tiempo.

Lo del Wanda no fue el ambiente de las grandes ocasiones, pero se respiraba ilusión. Es un comienzo.

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Author: Pablo Perez