Por: Madrid Cienfuegos M.
Francia y Turquía, dos países que históricamente han mantenido unas relaciones bilaterales con altibajos, por el problema armenio, también el kurdo, desacuerdos sobre el Mediterráneo Oriental y Libia, así como la crítica de Francia en contra de Turquía por su posible ingreso a la UE., y el deseo de Francia de ser el Estado líder en las relaciones internacionales de la Unión Europea (UE) son muchas de las variables que se encuentran en el trasfondo de sus discrepancias.
Con el inicio de la cumbre de la OTAN., el 14Jun21, ambos países tendrán el espacio propicio para limar asperezas y despejar el camino para lograr un mejor entendimiento. Turquía además de reunirse con Francia, lo hará con EE.UU., Reino Unido y Alemania.
Cabe destacar, que Turquía dentro de la OTAN es ese socio incómodo pero necesario. Es el país que tiene el segundo ejército más grande dentro de la organización. Hizo irritar a los demás socios, especialmente EE.UU., por la adquisición de los misiles rusos de defensa antiaéreos S-400. Toda vez, que un aliado comprando armas al archí enemigo de la OTAN: Rusia. Así como por las incursiones que ha realizado contra los combatientes kurdos pro estadounidenses en Siria.

Todas las acciones realizadas por Turquía, han generado fricciones también con Estados Unidos, han tenido como contrapartida respuestas no tan alentadoras como la afirmación de Biden con motivo de la conmemoración del Genocidio Armenio: “La matanza de armenios en 1915 a manos de las fuerzas otomanas fue un genocidio”, lo que causó molestias y fueron rechazadas tajantemente por el presidente Erdogan.
A su vez, las discrepancias entre dos integrantes de la OTAN: Francia y Turquía, tiende a extenderse en el tiempo, debido a la situación en Siria y Libia. Francia no apoya a Libia, caso contrario de Turquía, lo que genera un punto de desacuerdo más.
Entre Francia y Turquía sus diferencias también se han remontado por el apoyo abierto del presidente Emmanuel Macron a las reclamaciones marítimas de Grecia frente a la costa de Turquía en el Mediterráneo Oriental. Donde argumenta que se deberían aplicar sanciones contra Turquía. Una realidad que debilita a la Alianza Atlántica, y beneficiaría a Rusia.

Por otra parte, aunque el objetivo de la cumbre es discutir la estrategia para la próxima década, así como debatir su posición frente a Rusia y China, y cómo los ejércitos se pueden adaptar a las amenazas planteadas por el calentamiento global; la misma es aprovechada para limar asperezas, y sobreponerse a los escollos que se han suscitado entre algunos de sus aliados.
Otro tanto, ha tratado Francia de influir en la Unión Europea con respecto a Turquía. Sin embargo, el Bloque Europeo no se deja presionar porque necesita de Turquía a quién le ha prometido su ingreso a la UE a cambio de frenar la inmigración a través de Grecia. Ese interés sumado al comercial, hace necesario el entendimiento por encima de las divergencias asomadas por Francia.
En la OTAN los equilibrios cuestan de mantener y desequilibra. Todo ello, porque aun cuando las disensiones entre Francia y Turquía, no son nuevas, debido entre otras circunstancias, por la política de ésta en Libia y la intervención en el norte de Siria, preocupa el nivel al que llegaron en el seno de la OTAN, y una razón que ayuda a explicarlo es la inacción de Washington durante el gobierno de Trump. Ahora puede ser que contando con Joe Biden, como hábil intermediario se pudieran solucionar muchas de las desavenencias.
La reunión en Bruselas servirá no sólo para que Turquía y Francia limen asperezas, sino también, Estados Unidos y Turquía. Será una oportunidad para cohesionar y afianzar a la OTAN, ante los nuevos desafíos como las amenazas cibernéticas, entre otras. Al final de cuentas, es por el bien de la Alianza Trasatlántica.
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