La frase más elocuente para describir el tránsito de Chris Froome desde la cúspide a la decadencia la ha pronunciado Rick Verbrugghe, director belga del Israel. «Su participación en el Tour no está garantizada». El ciclista que conquistó cuatro Tours, que pretendía atrapar a Induráin, Anquetil, Merckx e Hinault en el club del 5, no se ha ganado por rendimiento el derecho a concursar en la mejor carrera (empieza el 26 de junio). Es uno de los casos más evidentes en el deporte de secuelas fatídicas después de un accidente y una operación. La rehabilitación no llega. No es despectivo afirmar que el británico arrastra su leyenda en un curso muy negro, siempre a remolque, descolgado en el pelotón, desconocida su productividad como fichaje estrella del Israel, la obra personal del magnate Sylvan Adams que le paga 5,5 millones de euros. El salario más elevado del ciclismo, según publicó ‘L’Equipe’ el último invierno.
Hace dos años, cuando inspeccionaba la contrarreloj del Dauphiné Liberé, Froome se estampó contra un muro y sembró los clavos de un calvario. Fracturas de cadera, fémur y codo derechos, junto a cuatro costillas y el esternón. Nueve meses de recuperación y cero resultados desde entonces. Con el Ineos, su Sky de siempre, repitió la secuencia derrotista en el UAE Tour, la Route d’Occitanie, el Tour d l’Ain, la Tirreno, el Dauphiné o la Vuelta. Cualquier dificultad orográfica suponía un retraso del británico quien, honorable en su actitud, ofició de gregario en numerosas ocasiones. No en el Tour, donde fue descartado del ocho inicial.
Froome se acopló a la bicicleta y comenzó a entrenar antes de aprender a caminar otra vez. En el trasvase de Ineos a Israel, el ciclista confesó que había pasado los últimos meses de 2020 tratando de corregir un desequilibrio del 20 por ciento de fuerzas en sus piernas. Admitió que había perdido potencia en el cuádriceps y que dos tornillos le habían provocado un dolor «insoportable» durante la Vuelta 2020, que acabó en la posición 98. «Todo ha sido mucho más lento y difícil de lo previsto», aclaró el corredor de 36 años.
Sylvan Adams es un entusiasta multimillonario que consiguió llevar la salida del Giro 2018 a Israel y construyó desde la nada un equipo con el nombre del país judío. En su afán expansivo, contrató al corredor que comparte con Anquetil, Merckx, Gimondi, Hinault, Contador y Nibali el sello de haber ganado las tres grandes pruebas del ciclismo (Tour, Giro y Vuelta). La jerarquía de Chris Froome para liderar un proyecto en crecimiento.
Tipo exquisito en las formas, educado hasta el modo japonés, siempre atento a su entorno, Froome esperaba una inversión de la tendencia en 2021. Nuevo maillot, nuevos retos, nueva vida. Confiaba en continuar con la secuencia de sus 47 victorias como profesional, la última ese arranque de furia en la arena de la Finestre para desbancar a Simon Yates y agenciarse por la vía heroica el Giro 2018. Nada de esto ha vuelto a suceder.
Sin opción de una victoria
Froome no se ha acercado a una posibilidad de victoria en 2021. Desde la primera carrera, el Tour de Emiratos, se quedó tieso en una subida por autopista a la montaña Jebel Hafeet. Después de cinco etapas, perdió 22 minutos con el vencedor, Tadej Pogacar. El resto de sus intervenciones ha girado en la misma onda: 81 en la Volta a 53 minutos de Adam Yates; 93 en el Tour de los Alpes a 51 minutos de Simon Yates; 96 en Romandía a una hora de Thomas y 47 en el Dauphiné a 41 minutos de Richie Porte.
Aunque recientemente se han visto resurrecciones ciclistas de veteranos como Cavendish o Porte, y que presenta un amplio historial de atenuantes, no parece que Chris Froome estén en condiciones de hacer algo brillante si acude al Tour. Prestigio y publicidad aportará seguro a un equipo con Dan Martin y Woods como estiletes. Los resultados son otro tema.
