Ya de por sí con una economía colapsada –la pobreza alcanza al 60% de la población– y una democracia muy dañada, Haití está conociendo un acusado deterioro financiero e institucional durante la presente crisis pandémica. No solo no está habiendo recuperación económica este año –el FMI estima para 2021 un crecimiento del PIB a lo sumo del 1%–, sino que la excepcionalidad social que supone el Covid-19 está permitiendo al presidente del país, Jovenel Moïse, gobernar por decreto desde hace más de un año. Sin Parlamento constituido y con un mandato presidencial que la Corte Suprema considera expirado, Moïse se está deslizando hacia un autoritarismo que de momento parece contar con el apoyo del Ejército.
La presión internacional, no obstante, obligó… Ver Más
