Ayer tuve un momento de bajón extremo. Estábamos en la recepción del hotel, sentados al lado del hombre que nos vigila, cuando de pronto apareció un periodista argentino. En su credencial vi que se llamaba Gastón. Acababa de llegar y se iba a no sé dónde. Nosotros le informamos de que llevábamos dos días encerrados en el hotel, cumpliendo escrupulosamente con la cuarentena, y él se nos quedó mirando con las gafas empañadas por el asombro:
-¿Y no han salido ustedes nada?
-Lo justo para comprar comida y no morirnos de hambre.
Gastón se compadeció de nosotros como se compadecen los economistas de Harvard de los pueblos subdesarrollados. Él, que al parecer había hecho una exégesis profundisima del manual de prensa, porfiaba que… Ver Más
