Fátima Gálvez y Alberto Fernández han logrado en tiro olímpico el primer oro para España tras ganar la final mixta de foso por equipos a San Marino.
na medalla que supone la primera nacional en este deporte tras 17 años, sumándose a las que lograron Ángel León (plata en pistola 50 metros en Helsinki 52), Jorge Guardiola (bronce en foso olímpico en Seúl 88) y María Quintanal (plata en foso olímpico en Atenas 04).
[Así hemos contado la final]
España se aseguró el oro con un total de 41 aciertos sobre 50, uno más que sus rivales. Fátima Gálvez comenzó muy dubitativa, con tres fallos consecutivos nada más empezar, pero consiguió enderezar su actuación y ayudar a un Alberto Fernández que acabó con un solo fallo en sus 25 disparos.
A Alberto Fernández la afición por el tiro se la pegó su padre, Gregorio. El tirador madrileño todavía recuerda el primer plato que rompió: aquella imagen fundacional, que luego ha repetido millones de veces, se le ha quedado grabada en la memoria con tinta indeleble. Comenzó a entrenarse a los 9 años y pronto se dio cuenta de que, para triunfar en su deporte, no hace falta una vista excelente (él lleva gafas), pero sí toneladas de abnegación e infinitas horas de trabajo. Y aun así hay condiciones externas imposibles de controlar y que pueden dar al traste con todas las ilusiones: la velocidad del aire, su dirección cambiante, el modo en el que incide la luz solar…
Pero la vida de Alberto Fernández tiene otro punto de fuga: la música. Apasionado de los Beatles y devoto de las guitarras eléctricas, es el fundador de un grupo de pop-rock, Los Geiperman, que gira por España rindiendo tributo a los Hombres G y a la música ochentera. El grupo nació en 2010 y suma más de 70 actuaciones. Alberto toca la guitarra y hace los coros. Lo mismo atacan ‘Venezia’ que ‘Voy a pasármelo bien’. Cuando actúa se le ve concentrado, absorto por la melodía, disfrutando. Sin embargo, se diría que sonríe más cuando dispara. Y sonreirá aún más, abiertamente, desmesuradamente, tras romper en Tokio su maleficio olímpico.
También Fátima Gálvez, natural de Baena (Córdoba) y afincada en Granada, logró acabar con su sequía. Ella sí que había rozado el metal olímpico: fue quinta en Londres y cuarta en Río. Fátima está hoy en Tokio porque cuando tenía cinco años, sentada frente al televisor, vio a Zhang Shan, una tiradora china, colgarse la medalla de oro en los Juegos de Barcelona. Supo entonces que quería ser como ella. Como en el caso de Alberto Fernández, no cesó de dar la paliza a su padre, don Pío Luis, para que la llevara de caza y le dejara pegar algún tiro. Comenzó a disparar por los campos de olivos cordobeses y también en las ferias de los pueblos. La gente empezó a hacerse lenguas de la puntería de la joven Fátima, que fue adentrándose en un terreno hasta entonces vetado para las niñas. «Soy una luchadora en un mundo de hombres», se define. Desde entonces, su palmarés ha engordado hasta extremos que parecían inimaginables, con medallas en mundiales, europeos y grandes premios. Solo le faltaba, como a su compañero Alberto, el laurel olímpico.
Fátima, enfermera y estudiante de Psicología, hace buenas migas con Alberto. La inclusión en el programa de los Juegos de la disciplina de foso mixto por equipos les abría otro camino para llegar al Olimpo, y lo han aprovechado.
Es la cuarta medalla de la delegación española en Tokio. Adriana Cerezo inauguró la cuenta con una plata en taekwondo. David Valero logró el bronce en mountain bike y hasta ahora cerraba la cuenta Maialen Chourraut con una plata en el descenso en K1 en aguas bravas.
