Por: Madrid Cienfuegos M.
“A los haitianos no les gusta la guerra y menos si es entre nosotros. No estamos en situación de matarnos unos a otros”, fueron las palabras del presidente Jovenel Moïse en una entrevista que concedió a la BBC Mundo en junio de 2019. Fue el presidente que se aferró al poder y dos años después fue asesinado.
Haití, el país más pobre de Latinoamérica se ha visto inmerso en la violencia desbordada por bandas criminales que tienen el control del país, y han originado el desplazamiento de más de 17.105 civiles de acuerdo a cifras de la Organización Internacional para las Migraciones.
Sumado a la situación de inseguridad generada por la actuación del crimen, se le suman las protestas de la sociedad que solicitaban la dimisión de Moïse. Un presidente señalado por la oposición de ser corrupto por haberse beneficiado de Petrocaribe, y quien consideraba que renunciar, empeorarían las cosas en su país. Todo ello, convertiría a Haití en un caldo de inestabilidad política.
El mes de junio fue tan convulso y el país estaba tan enfrentado que pidió apoyo internacional. Lo que lo llevó a nombrar un día antes de su asesinato a un nuevo primer ministro, Ariel Henry (el sexto que ocupaba esa cartera), para que diera solución a la inseguridad, y organizara las elecciones presidenciales y legislativas que en principio eran en septiembre de este año y fueron reprogramadas en el cronograma electoral para Nov21. Situación que crispó más los ánimos de la oposición.
El principal apoyo a nivel internacional con el que contaba Moïse, provenía principalmente de Estados Unidos, quien respaldaba que su gestión finalizara en 2022. A este apoyo se sumaba Canadá, Francia, España y Alemania. El que la comunidad internacional respaldara a Moïse, se pudiera deber a que su caída podría significar la desestabilización en una zona geopolíticamente importante del Caribe, ya que Haití se encuentra cerca de Cuba; entre Miami y Venezuela, y lo convierte en un punto importante para Estados Unidos por el tráfico de drogas y la emigración.
Sin embargo, aun cuando el gobierno de Moïse contó con el respaldo de la ONU y la OEA, fue fuertemente criticado por éstos organismos debido al decreto a través del cual creó la Agencia de Inteligencia, y porque tipificó las protestas de 2018 como “actos de terrorismo”. Así como por las denuncias de la oposición quien lo señalaba de ser autoritario porque disolvió en Ene20 el parlamento y comenzó a gobernar por decretos.
Pero la ingobernabilidad que caracterizaba a Haití, la crisis institucional y socio- política, y la violencia desatada durante los últimos meses, no fueron indicios suficientes para que Juvenel Moïse, se apartara del poder, quien estaba confiado en que entregaría el mandato a su término el 07Feb22. Fue esa confianza el que lo hizo abstraerse del peligro que corría y que terminaron acabando con su vida.
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