Tenemos que hablar de los váteres en Japón. No queda ya otro remedio. Sé que los cronistas serios jamás tratarían estas materias, como si los deportistas fueran todos entes espirituales alados y mofletudos que flotan como los angelotes de los cuadros de Murillo, pero la vida tiene sus miserias y sus carnalidades y alguna vez hay que afrontarlas. Debemos reconocer, además, que los japoneses prestan mucha atención a los tramos inferiores del aparato digestivo y abordan estas cuestiones escatológicas con un refinamiento de corte imperial pasada de vueltas.
Mi primer choque cultural con los váteres japoneses sucedió cuando llegué a mi habitación del hotel y tomé posesión del trono: resulta que la taza estaba caliente. Muy caliente. A mí aquello me… Ver Más
