Una reforma que integre al sistema financiero al del resto del mundo no se enfrenta a una oposición firme por parte de grupos de presión organizados y/o dispuestos a cometer actos de violencia. Quizás los únicos que se opondrían algunas instituciones financieras que preferirían mantenerse protegidas de la competencia extranjera y un grupo reducido de burócratas. Pero estos hoy no constituyen una oposición importante. Los recaudadores de impuestos y quienes temen la fuga de dólares, no deberían oponerse pues fomentaría toda una nueva industria de servicios financieros de exportación.