Hambre

Lo que peor llevo de estas dos semanas en Tokio es que cuando llamo a casa invariablemente me preguntan por la comida japonesa. No sé qué responder. Del sorprendente hecho de que aún estemos vivos se desprende que algo hemos tenido que comer, pero no sabría decir cuándo ni cuánto. Tampoco qué. Acumulo recibos con extraños símbolos y siento un placer retorcido al pensar en la ola de suicidios que van a provocar en el departamento de administración cuando los pase.

Durante los días de cuarentena nos alimentábamos de lo que pillábamos en unas tiendas que están abiertas 24 horas del día. Tienen un poco de todo, desde revistas a cortaúñas, pero también hay bandejitas de sushi, triangulitos de arroz, ensaladas… Ver Más

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez