Tenemos que salir del laberinto político en el cual nos encontramos. Un laberinto es un espacio donde uno se mete y después no puede salir. No sabe si tomar el camino del norte o del sur, del este o del oeste al no percibirse una salida evidente. En esta situación nos encontramos hoy. Todos son dilemas. Gente respetable se niega a cualquier negociación con Maduro y su régimen a partir de su caracterización como una corporación criminal a la cual hay que sacar con una acción de fuerza. Aunque esta tesis puede lucir muy atractiva, resulta impráctica e inaplicable, toda vez que no se puede materializar. Estados Unidos saliendo apresurado de Afganistán, tras veinte años de permanecer allí, no se va a meter en una aventura en Venezuela, menos las fuerzas militares de países latinoamericanos, cada una con su propio drama. Una fuerza expedicionaria armada, está condenada a una derrota anticipada que consolidaría todavía más a Maduro en el poder, a parte de concitar el repudio mundial. La política de más sanciones no ha funcionado como muchos esperaban. Con las herramientas del comercio internacional y con muchas dificultades, las exportaciones petroleras se siguen realizando.