Después de las tradicionales, ‘ma-me-mi-mo-mu’, y ‘mi mamá me mima’ la palabra que inició mi vocabulario, fue Singer. Mi madre era modista y yo la veía todos los días frente al mueble, ella sentada frente a su máquina, yo, carreteando mis juguetes artesanales que ella me fabricaba con los carretes del ‘hilo Elefante’. Así, desplegaba sus telas y ellas viajaban por los aires y dejaban impregnado el ambiente de extrañas fragancias. Olían a cosa nueva. Las llamaba, popelina, caqui, gabardina, casimir, lino, seda, entre tantas otras. Las acompañaba mientras pronunciaba los colores, con el fino timbre del hilo y aguja, o el grueso tono del, botón, o ese chasquido llamado, rache, que después cambió, cuando nos fuimos a vivir a Caracas, por el novísimo, cierre mágico.