Carlos Ismayel: Dialogando y apaleando

Hoy más que nunca afirmo que tenía mucha razón mi abuela Emelina cuando decía, “niño que nace barrigón ni que lo fajen chiquito”. Y así es. Maduro promete enterrar el hacha de la guerra, jura y rejura que no seguirá mintiendo y se arrodilla ante el Santo Niño de Atocha para prometer evitar sus arrebatos en los que maldice y lanza improperios de todo tipo contra cualquier sombra que le pase por el lado. ¡Pero que va! Ese personaje, está como las farmacias bolivarianas “no tienen remedio”. Así nació y así morirá. Pendenciero. Es un camorrista en todas las de la ley. Por eso siempre está buscando pleitos, es un peleón por naturaleza, pero no en buena lid, sino atacando por mampuesto. Es promotor por excelencia de altercados. Dentro de su partido es identificado como el pendenciero, ya que no pierde la más mínima oportunidad para liarse en discusiones innecesarias que terminan siempre en actos de violencia. Ya son muchos los chismes de sus agarrones con Elías Jaua, con su ex canciller Arreaza, con Rafael Ramírez y con Diosdado que aguanta callado esperando como la serpiente el momento oportuno para morder donde más le duela a Maduro.

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez