Por más que Maduro trate de simular que “se la está comiendo”, al pasearse nervioso, en carro blindado con vidrios oscuros por la desierta Plaza del Zócalo a las 7:00 de la mañana, la verdad es que “está llevando mas palo que una gata ladrona”. En México se apareció de sorpresa, y salió con las tablas en la cabeza, fueron más que suficientes los desplantes de los presidentes Guillermo Lasso de Ecuador, Luis Lacalle Pou de Uruguay y Mario Abdo Benítez de Paraguay, para dejarlo desbalanceado y fuera de lugar. Esos jefes de estado no tuvieron pepitas en la lengua para cantárselas clarito al dictador venezolano que quiso pasar de contrabando su talante tiránico a la vez que camuflar entre sus socios de Cuba y Nicaragua, su certificado de ilegitimo con el que lo ha caracterizado la comunidad internacional.