A pesar de la falta de grandeza que se le achaca a la oposición, de la hora menguada que percibimos en el liderazgo, se están alineando condiciones para la formación de una tormenta perfecta que podría acelerar acontecimientos y circunstancias favorables para el sufrido pueblo venezolano. La declaración del embajador James Story de no aminorar sanciones al régimen si no hay una hoja de ruta creíble para unas elecciones generales libres, equitativas y verificables es un torpedo a la línea de flotación de la estrategia de Maduro, que además de ganar tiempo aspira a una reducción de sanciones con la negociación que se está desarrollando en México, las declaraciones del diplomático norteamericano pueden leerse como un respaldo a Guaidó que ha insistido en ese objetivo casi como una ánima en pena, porque el reparto de cargos que ha hecho el cogollo del G4 de cara a las elecciones del 21N, ha puesto en evidencia la poca disposición a una resistencia pacífica y democrática, muestra por el contrario una voluntad resignada a la convivencia con la dictadura, salvo honrosas excepciones, evidenciando la carencia de una estrategia firme, que es indispensable para enfrentarse a un adversario capaz de todo para mantenerse en el poder.