Permítanme narrar una vivencia personal. Hace casi 65 años nací en un barrio obrero de Glasgow, Escocia. Cerca de ahí había una mina de carbón, una fábrica de acero, otras industrias pesadas, ahí pasaba el ferrocarril. El carbón se usaba en todas esas actividades, también para calentar las viviendas. En los días más críticos, la contaminación atmosférica era tan espesa que uno no veía objetos a tres metros de distancia.