Las primeras reacciones al anuncio del régimen de Maduro -mejor dicho, a la pretensión- de que Alex Saab se sumara como su representante en las jornadas del diálogo que están ocurriendo en México, fueron de escandalosa perplejidad. Escuché comentarios como “no puede ser cierto”, “debe ser una noticia falsa”, “parece un mal chiste” y otras semejantes. Otras reacciones fueron directo a laviabilidad del diálogo: es la forma escogida por Maduro y sus secuaces, de propinarle un manotazo final a un proceso en el que no creen y que no está en la ruta de sus intereses: toda posibilidad, por mínima que sea, de que en Venezuela se produzca un cambio de régimen, debe ser aplastada, anulada, saboteada.