En 1994, en un discurso ante organizaciones de izquierda, Fidel Castro diría que el “neoliberalismo” era el responsable de todas las miserias económicas y sociales de la región, llegando a calificarlo como un “genocidio”. Castro añadiría una frase esclarecedora para los tiempos que corren: “No podríamos decir qué somos, pero sí podríamos afirmar categóricamente qué no somos, y no somos, por supuesto, nada en absoluto neoliberales”. Esta reflexión define la esencia del tercermundismo latinoamericano como fuerza esencialmente destructiva.