“Esto es una tortura, a veces deseo que la lava se lleve mi casa ya”, comenta Francisco Santaella. Los hermanos Santaella estaban orgullosos de su casa en Los Campitos: era una villa lustrosa que sus padres levantaron como tantas otras en La Palma, casi cuarto por cuarto, planta por planta, a lo largo de 40 años de esfuerzo. Con la lava pegada a sus paredes, son muchos días vigilándola, viendo qué le pasa”. EFE/Ángel Medina G.