Votar el 21N ya ha sido internalizado como una acción política definitiva por la masa democrática cuantificable venezolanista, decisión de los demócratas para categóricamente -y desde ya- desplazar la vergüenza y desgracia del revolucionarismo militarista. Expresión política perversa que vive del conflicto que intenta asfixiar la República. En consecuencia, la sociedad ya desde el 6D del 2020 oteó el daño y perversión del revolucionarismo militarista, se apartó de esa locura de un proyecto perverso y cobarde que sigue al cubanismo amparado por la violencia armada: fusil y plan de machete.