Escribo con tristeza e indignación. Jamás fui simpatizante de Raúl Isaías Baduel al equivocarse toda la vida con Hugo Chávez y lo estuvo tanto que, después de salvarle literalmente el pellejo, en 2002, el barinés lo traicionó vilmente y lo echó a la suerte de los leones. Y éstos lo devoraron poco a poco, mientras que Baduel moralmente se agigantó y no se transó con sus carceleros. La historia del militar, su testimonio de vida, ingresa a la de todo un país que todavía, todo los días, muere con la entera satisfacción de Nicolás Maduro, quien se dedica a decorar a Miraflores y de regodearse de sus lujos, gracias a la “navidad” que jura que adelantó porque le vino en gana.