Tarde o temprano el régimen criminal rendirá cuentas ante el juicio de la historia. De eso no se salvará, aunque carezca de los arrestos –los muy cobardes y mentirosos– de hacerlo directamente, la historia misma implacable, imparcial y rigurosa se encargará de ello. Así lo hizo con el bagre Juan Vicente Gómez y con la dictadura oprobiosa de Marcos Pérez Jiménez. La estafa del siglo XXI supera ya a ambos en todos los órdenes, descendiendo hasta los abismos profundos de la maldad, la concupiscencia y el robo.