Siempre he sentido que la ignorancia y el resentimiento, con motivaciones paganas —más que la miseria, de cuyos dolores se encargó el cristianismo—, son los peores entre todos los males que azotan a la humanidad. Se eligen caminos equivocados porque se ignoran o se pretende desconocer los ya transitados con acierto. Más peligroso aún si esa ignorancia y ese resentimiento están asociados a gobiernos tiránicos y esos dictadores se van haciendo cada día más fuertes gracias a la práctica comercial de todo tipo de ilícitos.