En cualquier país de la región, en cualquier economía en desarrollo o madura, las proyecciones de crecimiento económico que pueda hacer un pequeño equipo de analistas de un banco integrado global, no pasan de ser una entrega compacta de datos e interpretaciones que sirven de lectura a un selecto grupo de clientes y ejecutivos corporativos. Pero en Venezuela, un país donde las estadísticas económicas han sido secuestradas por quienes paradójicamente tienen la responsabilidad de producirlas y divulgarlas, hasta una firma financiera alejada hace muchos años del patio local puede incidir en la percepción del quehacer de la economía que se hacen los grandes actores de la economía local, filtrando graciosamente reportes donde se anuncia la llegada de un cambio de curso.