Luego de algunos años de consumado el matrimonio entre José María Oropeza y Josefa Riera, una pareja de añejo abolengo caroreño, la exasperación al verse no solo de ambos, sino también entre las dos familias, era pública y no solamente notoria; y para no continuar con los violentos desencuentros que ya eran de balas y duelos de espadas en una guerra sin cuartel, optaron por darle fin al asunto proponiéndoles apelaran al divorcio, tema escandaloso para 1812.