Lo percibíamos, todos, de antemano. Olía muy mal en la Dinamarca de las presentes generaciones incapaces de caminar por la vida, una modesta acera incluida, sin ir adosados de manera compulsiva a sus móviles. Enviando y leyendo, con urgencia extrema, los mensajes más banales, de los últimos 30 segundos. O que, en lugar de un buen chapuzón con la compañera o compañero de sus predilecciones pasasen un esplendoroso día de playa interactuando en sus, FaceBook, What´s up o Instagram.