En una escena, pendular entre lo villano y lo cobarde, el Golem gobernante se ha exhibido ocupando airoso un pupitre de la Universidad Central de Venezuela. La intención, a toda vela, alardear la pretendida conquista de una fortaleza que ha sido y será, intelectual y políticamente, inexpugnable para él y su banda. Un acto vil porque la tricentenaria casa de estudio ha sido asfixiada económicamente de manera sistemática, asediada policialmente, vandalizada por colectivos paramilitares, sus profesores escarnecidos con salarios miserables, la comunidad académica impedida de escoger sus autoridades y la autonomía consagrada en la Ley de Universidades abiertamente despreciada. Cobarde la puesta en escena porque se aprovechó la medianoche para mimetizarla con la sombra de su protagonista, intruso en un predio para él tan ajeno y distante.