Ya no se trata de lamentar que Venezuela, siendo “un país tan rico”, distribuya su patrimonio tan desigualmente y cobije tantos pobres en su seno. El presente proceso de devastación económica y social es indetenible, marcha inexorable como el magma volcánico que corre por la isla de La Palma. Ahora, Venezuela ha pasado, de ser el país con mayor desigualdad social y con el mayor porcentaje de pobres a, sencillamente, convertirse en el país más pobre del hemisferio. Así se infiere de la reciente Encuesta de Condiciones de Vida 2021, según la cual, si en un arranque de “justicia social”, se distribuyera el actual Producto Interno Bruto del país equitativamente entre todos los habitantes, el promedio per cápita apenas alcanzaría a 30 dólares al mes, o sea un dólar diario para cada uno.