El 25 de mayo del año pasado falleció a causa de asfixia en Estados Unidos el ciudadano afronorteamericano (para mí sería norteamericano y basta, pero… convencionalismos obligan…) George Floyd. Meses después, el 16 de octubre (recién se cumplió un año), fue decapitado en plena calle de Conflans-Sainte-Honorine, Francia, el profesor Samuel Paty. Obviamente, hay una inmensa diferencia entre Floyd y Paty que no radica solamente en que el primero era un delincuente común, lo que está probado, y en que el segundo era un profesor entregado a su trabajo: educar a sus alumnos.