La universidad ha sido ultrajada como no había ocurrido en casi un siglo. El daño no sólo lo representa la nocturna y agazapada irrupción de Nicolas Maduro en las instalaciones de la Universidad Central de Venezuela. Esa subrepticia presencia del dictador, en el alma mater, busca expresar a la nación y al mundo que la barbarie por él representada ha coronado la misión de humillar, pisotear y someter a la civilidad y a la civilización que la universidad encarna desde tiempos remotos.