Ninguna economía ha sido capaz de ignorar una burbuja inmobiliaria y menos aún de compensarla y seguir creciendo, sustituyendo el desplome del sector inmobiliario por otras partes de la economía. Las economías fuertemente reguladas, desde Islandia hasta España, no han logrado contener el impacto negativo de un colapso del sector inmobiliario. No será diferente en China.