Pudiéramos emplear el refrán que dice que ¡perdiendo también se gana!; no obstante, preferimos utilizar esta contradicción, para decir que el pasado domingo, obtuvimos una “victoriosa derrota”. No podemos calificarla de victoria ni derrota pírrica, toda vez que durante muchos tiempo, años tal vez, los contradictorios guerreros pesimistas, auparon el desaliento clásico del pronosticador que le hace el juego a la derrota criticando o presumiendo una derrota electoral, que si bien no fue ni buena ni mala, merece llamarse victoria, toda vez, que el número de votantes, a pesar de aspaviento pesimista, llegó a más de un 41%, y la abstención, siendo alta, cerca del 60%, se ubicó en los términos de la normalidad en este tipo de elección.