Más que proponer un minucioso “paradigma” para entender la realidad política venezolana y actuar conforme a sus demandas, me atrevo a sugerir unas ideas que son el resultado de la observación, el análisis de los datos más resaltantes y la ponderada reflexión de esa realidad política venezolana, durante las dos últimas décadas; en este sentido, mi modesto aporte consistirá más bien en el trazado de unas líneas gruesas acerca de lo que considero la estructura ética fundamental para la realización de ese paradigma.
Líneas basadas fundamentalmente en la evaluación que tienen las decisiones políticas en sus múltiples consecuencias para la praxis política. Lo hago inspirado en las exigencias que hace Weber al político cuando le plantea que la ética de las intenciones no equivale en modo alguno a la ausencia de responsabilidad, ni mucho menos a la falta de convicciones.