Nadie en este mundo está a salvo de sufrir una larga y tortuosa tiranía. Ni siquiera un país como Venezuela que fue ejemplo de democracia y de progreso. En la década de los sesenta sobrevivió a la violencia cubana que estaba entendida con la Unión Soviética, y nada mejor que el cordón sanitario que extendió Rómulo Betancourt frente a las dictaduras. Pero nos confiamos y, desde Cuba, dieron a entender el deseo de superar sus desgracias y acercarse a la libertad, engañándonos. Fidel Castro descubrió en Hugo Chávez un magnífico agente.