En materia de observación electoral internacional, OEI, puede decirse con propiedad, que no hay nada nuevo bajo el Sol. Una, OEI, no es visitar un país, darse un chapuzón en la piscina del hotel, tomarse una Piña Colada y presentarse muy fresco el día de las votaciones, con un babero de esos que te cuelgan del cuello con tu foto, bajo el rótulo de “OEI”. Cuando mucho, para supervisar dos o tres centros de votación, previamente maquillados y seleccionados por los cicerones de la tiranía o narcotiranía, como “la de autos” y concluir, muy orondo, ante las cámaras de la T.V. con la muletilla: “¡La presente ‘fiesta’ de la democracia, se ha cumplido en paz y en orden. Felicitamos por su civismo al Pueblo y a las autoridades de… (ponga, aquí, según las circunstancias, Nicaragua, Cuba, Zimbabue o Venezuela) por esta jornada tan hermosa!”