La estrategia “divide y vencerás” atribuída a diversos autores como al emperador romano Julio César, a El arte de la guerra de Sun Tzu, a Maquiavelo en El príncipe o a la matemática babilónica en donde se usó para resolver un algoritmo complejo, le está funcionando a Maduro. Quitarle los partidos a sus líderes naturales, logró que dirigentes segundones se hicieran de organizaciones políticas que ahora le dicen mucho menos a su propia militancia y al electorado. Reflotar la tarjeta de la de la manito, llamada de la “Unidad”, que habían inhabilitado, provocó que los líderes desplazados volvieran al camino electoral ahora a vengar a quienes usurparon sus liderazgos aprovechando los favores régimen. Inhabilitar candidatos y organizaciones en elecciones anteriores fraccionó a quienes optaron por participar y a quienes no aceptaron las condiciones. Desconocer la Constitución al dejar que todos estos grupos seleccionaran sus candidatos a dedo, sin participación de las bases partidistas ni primarias, multiplicó las candidaturas opositoras. Para los 3.082 cargos en disputa la oposición presentó más de 70 mil aspirantes y el oficialismo uno para cada cargo. Ante tal dispersión y una abstención que estará rondando el 50%, los resultados ya se conocen. La estrategia divisionista del régimen llega en el programa “El mazo dando” a su máxima expresión, sacando de contexto al periodismo independiente, utilizando a los propios opositores en sus contradicciones y críticas, y practicando la propaganda nazi de desfiguración del contrario. Adicionalmente, el régimen al no cancelar salarios a los parlamentarios, ni permitir el financiamiento del Estado a los partidos, dejó a los dirigentes menos pudientes en una situación económica precaria, auspiciando la genuflexión.