Como pantomima, lo calificó el Presidente Biden, pero lo de Nicaragua escenifica un terrible modelaje para América Latina donde la democracia cada día da traspiés. No fue caricatura la degollina policial de todos quienes osaron asomarse como candidatos de oposición, bajo la brujeril conseja de la tenebrosa vicepresidenta. Fue la demonización total del adversario. Un hecho que se nos antoja emparentable con aquella anécdota del dictador haitiano François Duvalier, alias Papa Doc, observante del Vudú como la señora Ortega, cuando, advertido por su babalao de que un adversario se había corporizado en un perro, en una noche sus tonton macoutes degollaron a cuanto can realengo o doméstico se atreviera por las calles de Puerto Príncipe.