El inmenso fraude cometido por Daniel Ortega en las elecciones del 7 de noviembre venía preparándose desde hace bastante tiempo. En cierto modo, representa la culminación del acuerdo firmado el año 2000 entre Ortega y Arnoldo Alemán, acusado de corrupción, quien en aquel momento era Presidente de Nicaragua y jefe del Partido Liberal. Ese pacto les permitió al Frente Sandinista de Liberación Nacional –FSLN- y al Partido Liberal asumir el control de todas las instituciones del Estado, incluido en primer lugar el Consejo Supremo Electoral. Las modificaciones introducidas en la ley electoral aseguraron que, en los comicios nacionales de 2001, casi todos los curules de de la Asamblea Nacional fueran a parar a manos de los sandinistas y los liberales. A partir de ese momento comenzó el proceso de degradación de la incipiente democracia nicaragüense, que había tenido su momento estelar en 1990 cuando Violeta Chamorro obtuvo su sorpresiva victoria frente al comandante Daniel Ortega, obligado a medirse en las urnas electorales luego de casi una década de enfrentamientos internos con la llamada Contra.