Como un hecho sin precedentes en la historia de Venezuela se puede calificar lo sucedido con el proceso electoral regional en Barinas desde el pasado 21 de noviembre hasta la fecha. Primero, el candidato opositor de la Unidad, Freddy Superlano, ganó las elecciones a la gobernación de la entidad, al superar en la votación al candidato del chavismo Argenis Chávez, con todo y las trampas y piedras que le pusieron en el camino. Pero antes de que se produjera la proclamación, los militares del Plan República retuvieron las actas por 8 días, con el fin supuestamente de traerlas a Caracas. A la postre el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) del régimen, en claro desconocimiento al Consejo Nacional Electoral (CNE), sentenció de manera írrita la noche del 29 de noviembre que los comicios deben repetirse el venidero 9 de enero de 2022 y así lo ordenó al CNE, porque Superlano estaba inhabilitado. Lo cierto es que el propio Nicolás Maduro había indultado al dirigente político de Voluntad Popular de Barinas y por ello fue que pudo postularse al cargo. Toda esta irregular situación se presentó ante el largo y cómplice silencio del CNE.