El gobierno optó por estabilizar el tipo de cambio con el objeto de detener la hiperinflación que se inició en noviembre de 2017 y que se ha extendido a lo largo de 2021. En ausencia de un programa económico coherente y anunciado, que entre otras cosas abra espacio al financiamiento externo, el BCV y el Ministerio de Finanzas acordaron aplicar una mezcla de política monetaria restrictiva, mediante elevados encajes, y un significativa intervención en el mercado cambiario a través de la venta de divisas, encaminada a contener las tensiones inflacionarias. La idea subyacente ha sido procurar mantener un tipo de cambio estable para de esta manera importar bienes baratos y así reducir el alza de los precios. Ello ha resultado en un abaratamiento de las importaciones y un encarecimiento de los bienes producidos internamente.