No creo que, el padre Antonio de Nebrija, ni el Brocense, ni mucho menos, Andrés Bello estarían muy satisfechos al encontrarse con la realidad idiomática que por estos tiempos nos circunda. Pero si pienso en las antiguas escrituras, desde los albores de las pinturas en las cuevas de Altamira, o acá mismo en las orillas del río Caroní, en la cueva del Elefante, pueden verse algunos rasgos que siguen un patrón, como en los antiguos jeroglíficos egipcios, que nos acercan a esto que ahora conocemos como emoticones o emojis.