Los maleantes que secuestraron el poder en Venezuela se mantienen hoy usurpándolo en contra de la voluntad de cambio expresada de mil maneras por el pueblo. Han resultado inmunes al repudio colectivo, como corresponde a cínicos sin escrúpulos. Se trata de una hegemonía impuesta desde hace 20 años, si reconocemos que accedieron al poder mediante elecciones libres y limpias en 1998. Desde el mismo día de su esperpéntica juramentación Chávez se dedicó a violar sistemáticamente la Constitución y leyes de la república. Ante una rebelión civil única y sin precedentes el autócrata se vio obligado a renunciar. Asumió el poder transitorio Pedro Carmona Estanga, que por errores propios y de una casta política llegada al punto final de su mediocridad, junto a incompetentes jefes militares, provocaron que el que había renunciado retornara al poder para desgracia del pueblo venezolano. Los errores eran subsanables rápidamente antes de incurrir en el peor históricamente considerado desde todo respecto: la vuelta de Chávez al poder, quien impuso luego a Maduro. Todo un galimatías político que ya nos ha costado la perdida neta de 20 años del nuevo siglo XXI.